domingo, 17 de septiembre de 2017

Reflexiones sobre mi armario

El otro día hice el cambio de armario por la necesidad imperiosa de ver con qué arsenal de ropa con la que cuento para afrontar el frío antes de empezar a planear mis futuras compras. Algunas me llamaron exagerada, me dijeron que aún queda verano. No les quise llamar ilusos pero allá cada cual con sus creencias.

Y yo cada vez creo más en no comprar por comprar, sino en comprar por amor o por necesidad. En llenar el armario de aquellas prendas que me quiten la respiración cuando las vea y me hacen sentir un poco más Diosa cuando me las ponga. En primer lugar estudiar lo que tengo y sus posibilidades, para luego trazar una ruta de futuras adquisiciones.


Sin necesidad de atarme a un Capsule Wardrobe, tener sólo lo que realmente me muero por tener, porque los años me han enseñado que de aquello que me apasionó, no me suelo aburrir. Meter en cajas aquello que no va con la temperatura exterior para que al pasar los meses y vuelva su estación, me haga la misma ilusión del principio. Tener mis colores pero cambiarlos un poco cada temporada para no aburrirme.

Ser exigente y al ver algo que me gusta, pensar por inercia si ya tengo algo parecido y combinaciones varias que le hagan ganar a pulso su privilegiada percha. Perder el tiempo en tiendas online para llegado el momento, hacerme con la mejor opción. Cuidarme, mimarme y perfumarme, tener a mano mi rojo favorito de labios para poder verme siempre resplandeciente. 

En definitiva, tenerlo todo preparado para no saber qué es ese miedo atroz de no tengo nada que ponerme. 

domingo, 10 de septiembre de 2017

El otoño no se me escapa

Creía que había sido cosa mía. Creía que al no haberme cogido vacaciones (me iré cuando los demás ya os hayáis olvidado de ellas), tenía esta sensación de no haber tenido verano. Que aunque durante los meses pasados no me había pesado seguir trabajando, al llegar septiembre tenía una especie de gaupasa anual. Porque septiembre siempre es un chute de energía, un despertar, y a mí me llegaba sin haber desconectado del todo.

Pero parece que no, parece que en Donosti el verano ha sido aquel día del que ya no nos acordamos, un día en el que hizo sol, fuimos a la playa y nos quedamos hasta que vimos atardecer mientras bebíamos unas cervezas. No sé, no lo recuerdo bien. Al menos casi cada noche he podido dormir con la ventana abierta de par en par y eso no me lo quita nadie.

Miro por la ventana y veo rodar la primera hoja seca. Esto ya no tiene vuelta atrás. Hayamos tenido verano o no, toca mirar hacia adelante y encontrarle cierto gusto a esto de que los días sean cada vez más cortos y más oscuros.


Y para que los meses que vienen me cundan más que los tres anteriores, pienso hacer muchas cosas. Pienso perfeccionar mi nueva receta de bizcocho con jengibre y canela, pienso ponerme las pilas con eso del batch cooking y cocinar más y más variado. Pienso empezar Game of Thrones desde el principio, porque lo reconozco, me pasé la primera temporada entera sin saber muy bien quién era quién y por qué no decirlo, echo de menos a Khal Drogo. También tengo pendiente seguir con Six feet under y Parks and recreation, empezar con The Wire y descubrir alguna otra serie tipo Younger, que sin duda ha sido el descubrimiento del verano y me la he ventilado dos veces en menos de un mes. También he vuelto a por Grace & Frankie y no me daba cuenta cuánto las echaba de menos hasta que las he vuelto a tener delante. Pienso leer todo lo que no he leído en verano, porque sí, soy una de esas raras personas que lee mucho más en invierno. Me están esperando Hijos del ancho mundo de Abraham Verguese, Tan fuerte, tan cerca de Jonathan Safran Foer y Detrás del hielo de Marcos Ordoñez entre otros, aunque el 25 de septiembre se parará mi mundo porque publican lo nuevo de Nickolas Butler. Pienso tejer, o hacer punto de cruz, como hacía hace algunos años. También tengo una tela de terciopelo dorado por ahí para confeccionarme un clutch muy al estilo Acne. Me escaparé al campo más a menudo, que este año no se me escapen ni los colores ni los olores. Y cada dos o tres días, mascarilla y acondicionador porque este invierno voy a tener pelazo.

Por ahora ya he cambiado de perfume, porque pocas satisfacciones tan grandes como volver a esos aromas que te abrigan como una bufanda más.

Suena Song for Zula de Phosphorescent, la versión en directo en la iglesia St. Pancras, no sé qué tienen las teclas de ese piano que me mueven por dentro. Sus acordes son el pistoletazo de salida perfecto porque siempre he pensado que esa canción me recordaba a otoño y ahora, ya lo es. Qué sabrá el calendario.

Hazte un bizcocho, enciende una vela, ponte debajo de una manta, coge ese libro que tienes pendiente y disfruta. Que las hojas vayan cayendo ya si eso.