domingo, 5 de marzo de 2017

Caprichos de primavera

1.- Yo también he sucumbido ante los cuadros vichy. Me he probado alguna que otra copia de aquella minifalda que sacó Zara el año pasado verano pero no son para mí, por eso habrá que buscar otras opciones.
2.- Empieza una nueva temporada de atardeceres para grabarlos en la memoria.
3.- Son de Ulla Johnson y me han robado el corazón. Su precio es bastante prohibitivo pero como no se me pase la locura, me veo pasando el cepillo en cumpleaños. 
4.- Propósito primaveral: Aprender a llevar pañuelos en la cabeza con dignidad y algo de estilo.
5.- Y sigo buscando el ansiado bolso negro perfecto, porque si las sandalias de Ulla Johnson eran factibles con cierto esfuerzo económico, el Classic Box de Céline es un amor totalmente imposible (por ahora.)
6.-Las chicas listas leen libros. Ese precioso póster que miraba con cariño cada vez que visitaba la librería Garoa de Donostia, está ahora en mi habitación. El día de su cierre, fue una bonita manera de llevarme un recuerdo físico de todo lo que nos ha acontecido allí.
7.- Sudadera + cazadora. Después de una semana en Canarias, mi ansia primaveral está más florecida que nunca y este binomio puede ser perfecto para una transición más llevadera.

¡Nos leemos!

domingo, 5 de febrero de 2017

Mi batalla perfumada contra los Goya

Me gusta el cine. Me maravilla. Pocas cosas me han hecho tanta ilusión en mi vida que cuando mi padre me dijo que me dejaba ya hacerme socia del videoclub.

Me gustan las galas en los que se premia el cine. Me gustan los vestidos, las quinielas, llorar con los discursos y sobre todo me gusta que sirvan para que a la gente le pique la curiosidad y quiera vez más cine.

La piratería es una putada fastidio. Es injusto que algunos disfrutemos del trabajo de otros gratis. Pero también creo que la industria no ha espabilado lo suficiente o no ha querido, porque muchas veces lo fácil es hacer un barco de Chanquete y no querer comerse la cabeza para evolucionar y buscar nuevas vías. Hace años que podrían estar funcionando videoclubs digitales de una manera más masiva (porque sé que los hay y que los había, pero ha tenido que venir Netflix para que todos sean facilidades para el usuario, porque podría escribir sobre lo que me parece que Filmin me haga pagar una cuota mensual y que luego tenga que pagar más por cada película que quiero ver pero este post no va sobre eso) y se eligió el camino de desprestigiar al consumidor y de llamarlo delincuente mientras las entradas del cine no hacían más que subir.

Culpa del Gobierno, lo sé.


Hace un par de años, me empezó a hervir la sangre cuando en la gala de los Goya, a Antonio Resines, en su discurso como presidente de la Academia, se le llenó la boca criticando la piratería (en pleno 2015 seguíamos en el barco de Chanquete) mientras su principal patrocinador era una empresa de perfumes de imitación. Para que se entienda bien: una empresa que coge el trabajo artístico de otra, la copia y la vende a un precio mucho más barato. No gratis, pero casi. Y mira que yo no soy muy de perfumes comerciales pero eso no se hace.

En 2016 el patrocinio continuó y en este 2017, aunque la empresa imitadora esté condenada por plagio, aunque haya habido grandes marcas que se han desvinculado de la gala ejerciendo así cierta presión social, la marca de perfumes de imitación ha seguido siendo la principal patrocinadora de la gala de los premios de la Academia de Cine.

Y a mí, me sigue sin entrar en la cabeza cómo una institución que ha hecho de los derechos de autor su mayor guerra, pueda hacer algo así. Sólo me queda pensar que aquí arte sólo nos parece lo nuestro, que lo del vecino no es creatividad, que ahí no hay horas de trabajo ni sueldos que pagar.

Cosas que le pasan a una por la cabeza al tener una perfumería.

En fin, que aquí cierro esta batalla, como decía el otro día mi querida Blanca en Twitter. Espero, que en 2018 ya no haya esta guerra y que mi conciencia me dejé tranquilamente comentar vestidos y ganadores.

Por cierto, cómo iba de guapa la Dolera y qué ilusión me hizo todo lo que se llevó Raúl Arévalo.

Nos leemos.

domingo, 15 de enero de 2017

El vestido para primavera

Apenas me he pasado por las rebajas, el dinero para ello se me ha ido en ingredientes saludables para mi cuerpo porque de la noche a la mañana decidí que ya tengo edad para empezar a cuidarme a fondo. Aunque no voy a mentir y he ido visitando de reojo las tiendas online a ver si encontraba algún chollo y también me hice con un par de vestidos en esas rebajas tempranas de Asos (que reconozcámoslo aunque duela, ya no es lo que era).

Lo cierto es que hace ya tiempo que pienso muy bien lo que quiero, lo busco a conciencia y si no lo encuentro pues me fastidio. Me he pasado el otoño-invierno buscando mi vestido de terciopelo perfecto y nada, por lo que ahora voy a ir más allá y para primavera lo quiero bordado.


Un vestido bordado bonito, pero bonito de verdad.


martes, 10 de enero de 2017

TOP10 de las lecturas del 2016

Tarde pero seguro, ¿eso se dice, no? Pues aquí estoy, una vez pasada la vorágine navideña que conlleva tener una perfumería, decidida a hacer recuento de las lecturas realizadas en el año que finalizamos hace unos días. Contándolas, no han sido tantas, pero echando la vista atrás, lo cierto es que las mayoría las disfruté muchísimo.

Para este año, me he propuesto no acumular tanto, no estresarme y disfrutar de cada lectura sin estar pensando en la siguiente. Un step by step literario que me suena algo utópico. Para empezar, estas Navidades ya me he hecho con un alijo de unos siete libros nuevos. Os diría que no me recomendéis ninguno más porque voy servida hasta verano por lo menos, pero qué demonios, recomendad que a nadie le amarga un dulce.

Los del 2017 ya los iré apuntando en la lista de la derecha pero hoy, hemos venido a hablar de los libros del 2016, que han estado muy bien. Aquí van en orden inverso de preferencia:


10.-Tú no eres como otras madres de Angelika Schrobsdorff

Regalo de mi querida Ruth (hemos empezado una bonita costumbre de regalarnos un libro y una botella de vino por cumpleaños), quizá sea uno de los libros de los que más se ha hablado este año. Lo cierto es que a mí su lectura de la historia de esta madre tan atípica y rompedora se me atragantó un poco, empecé muy bien pero luego se me hizo algo largo. Pero el un librazo que bien merece la pena, por lo que suyo es 10 puesto.


9.-Asamblea ordinaria de Julio Fajardo Herrero

Sorpresa, sorpresa y piano, piano. Lo del libro de Fajardo Herrero fue justo lo contrario, como libro del club de lectura de noviembre, empecé sin saber nada de él y la sorpresa fue maravillosa. Una prosa lúcida como pocas que desgrana la cotidianidad de la crisis en nuestra sociedad, tan sencillo y tan difícil a la vez. Tan triste y tan bonito.


8.-Los Interesantes de Meg Wolitzer

Lo encontré pululando por Instagram y su portada me llamó la atención. Empecé a leerlo y justo el día que lo iba a dejar, me atraparon por completo las vidas de ese grupo de adolescentes que en un campamento de verano deciden autodenominarse Los Interesantes. A partir de ahí, la vida desplegando todas sus versiones.


7. -Departamento de especulaciones de Jenny Offill

De él dije justo al acabarlo que sería el libro que a mí me hubiera gustado escribir. Ahí lo dejo por si a alguien le pica la curiosidad.


6.-El amor dura tres años de Frédéric Beigbeder

Para los que somos algo escépticos con la durabilidad del amor (es cuestión de estadística), el libro de Beigdeber es un cuento de hadas con párrafos dignos de enmarcar. Es maravillosamente corto y fácilmente disfrutable.


5. -Rayuela de Julio Cortázar

Alguna fan se estará echando las manos a la cabeza al ver que hay 4 libros que me han gustado más que Rayuela. Sí, mea culpa. Pero es que como pasa con muchos clásicos, no tuve factor sorpresa. Rayuela es precioso, me encantó leerlo (por fin) y seguramente, si alguna vez me lanzo a releerlo, lo disfrutaré aún más.


4.-La Hondonada de Jhumpa Lahiri

Tampoco había factor sorpresa con Jhumpa Lahiri, o quizá sí. Su Tierra desacostumbrada había dejado el listón muy alto pero La Hondonada lo saltó con facilidad. Una novela larga, perfectamente hilada, donde las emociones están a flor de piel sin caer en la sensiblería y además cuenta una realidad tan lejana y tan cercana a la vez. Eso tan complejo que le llaman ahora identidad.


3.-Cuatro amigos de David Trueba

No sé cómo he tardado tanto en volver a leer a Trueba. Supongo que será porque Saber Perder me gustó tanto, que quería alargar el placer de saber que tenía Cuatro amigos esperándome. Puede que fuera porque estaba de vacaciones, pero meterme en aquella historia de lleno durante dos días y poder leer parando sólo cuando me apetecía, fue una de esas experiencias religiosas que te regalan los libros.


2.-El bar de las grandes esperanzas de JR Moheringer

Y Moheringer llegó a nuestras vidas para adorarlo. Yo he ido en orden inverso, primero fue El bar de las grandes esperanzas (cuando en Semana Santa todo el mundo se había ido de vacaciones y salí 5 minutos antes de Hunky Dory para escaparme a mi librería de cabecera y hacerme con él) y luego el Open de Agassi. Ahora tengo esperándome en mi estantería de pendientes el último que han publicado, que no recuerdo el título, pero como con Trueba, lo estoy guardando hasta el momento oportuno.

Qué decir del bar de Moheringer, que hacía mucho que no recomendaba tanto un libro (desde Canciones de amor a quemarropa seguramente, otra obsesión muy loca que tuve y tengo aún), que simplemente es precioso y que habría que escribir más sobre la vida, así, sin que pase nada especial.


1.-Americanah de Chimamanda Ngozi Adiche

Americanah me hizo llorar en un autobús lleno de gente en un trayecto muy corto en el que si hubiera sido otro libro, no lo había sacado. Pero éste era tan especial que anduve con sus 600 páginas a cuestas y aprovechando cada momento para leer alguna página. Y así me pilló el momento cumbre, en un desplazamiento de cinco minutos y con un par de lágrimas bajando por mis mejillas. Aquella emoción que me hizo sentir, bien merece este primer puesto. Supongo que sobra decir que os recomiendo plenamente su lectura.



Y llegados a este punto, me voy a leer. ¡Las lecturas del 2017 me esperan!


No sé cuándo, pero volveré.