domingo, 15 de octubre de 2017

Mi olor a otoño

Adentrarse en un hayedo, con tonos verdes, amarillos y ocres, pisar suave, como sin querer enturbiar la paz que se respira, ese silencio ruidoso, con el ritmo marcado por las hojas balanceadas por el viento, mientras algunas caen y otras deciden esperar, cerrar los ojos y oler. Esa reconfortante mezcla de humedad, madera y viento sur, que te lleva a casa, a la infancia, donde los domingos otoñales eran para recoger castañas y comer pipas al rededor de una mesa con mantel de hule a cuadros rojos y blancos. Ese olor a otoño que tan lejos queda ahora de la rutina diaria. 


Después, llegar a la ciudad y que el pleno octubre siga oliendo a verano, a noches con la ventana abierta que se mezclan con la ausencia de un viento del norte que aún no llega. Esa falta de salitre en el ambiente. Un otoño atípico, en el que el bizcocho de jengibre y canela parece estar de sobra y el castañero fuera de sitio. Como si cada mañana el maravilloso olor a café diera un calor extra que no se necesita. 

Un otoño, el mío, en el que al menos ya huelo a sándalo, que como buen fiel compañero me reconforta y me activa con su aroma cálido y personal. Madera y más madera, simple, pura, a veces intensa, a veces fresca y a veces dicen que sensual. Uno de esos olores con los que a priori tampoco me identifiqué tanto, pero ahora siento como una segunda piel. Porque si a mi alrededor el otoño no huele, al menos que yo huela a otoño. 


domingo, 1 de octubre de 2017

Un puñado de cosas bonitas

Con el día tan gris que se nos ha puesto por delante, aquí van un puñado de cosas bonitas:

1.- Un jersey bien gordo que me acompañe cuando llegue el frío.
2.- Pendientes bonitos, vuelvo a sacar a la folclórica que hay en mí.
3.- Elegir motivos para las manualidades otoñales. 

4.- Han vuelto Fonda y Redford, juntos. Están en Netflix pero primero lee el libro de Nosotros en la noche de Kent Haruf, es tan bonito que luego disfrutarás el doble con la película.
5.- Flores hasta en la piel. 
6.- Cualquier foto con pinos y niebla, pocas debilidades tan grandes.
7.- Los domingos son para leer sin mirar al reloj.

8.- Plantas everywhere, eso siempre.
9.- Un bolso espectacular de terciopelo. Por si alguien me lo quiere regalar.
10. Ashley Graham. Esta mujer y su Instagram me tienen abducida.



P.D.: Sobre todas las cosas feas que están pasando hoy, sólo diré que la violencia nunca está justificada, y mucho menos contra la gente que no la está ejerciendo. A partir de ahí, que cada uno piense lo que quiera pero hablar siempre será la solución.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Volviendo a nuestro bar

No fue el primer bar al que empezamos a ir. ¿Tendríamos unos 20 años cuando nos asentamos en aquella esquina con vistas a la calle? Algo así.

Y allí pasaron nuestros viernes y nuestros sábados, con la teoría de para qué íbamos a ir a otro bar si por aquel ya pasaba todo aquel que quisiéramos ver. A veces más apretadas, otras haciéndonos dueñas de la pista, siempre pidiendo las mismas canciones con insistencia. Desde La chica ye ye que bailábamos en círculo alborotándonos el pelo, a cualquiera de aquel magnífico primer disco de Estopa que era la BSO de nuestros viajes por carretera, pasando por la ipurdiko pelotilla de Gozategi al Zorionak de Kaxiano que nos hacía arrejuntarnos al rededor de la cumpleañera estuviéramos donde estuviéramos como si de una llamada a la manada se tratase.

Vivimos las noches de karaoke, pasamos la escoba una vez que la persiana estuviera medio bajada y las luces encendidas y hasta diría que más de un matrimonio se cuajó allí mientras Nauzi (jefe en euskera) nos vigilaba detrás de la barra. Entre aquellas cuatro paredes, éramos las reinas del mundo. 

Empezaron a pasar los años y nuestras visitas fueron espaciándose en el tiempo. Trabajos, niñas, años... parece que llega un punto en el que todo pesa para que se alineen los astros. A veces, por nostalgia, he solido volver con otra gente, miento, he solido llevar a otra gente para ver si llegaba a sentir lo mismo, y no. 


Pero el otro día pasó, Saturno con Neptuno, Urano y Plutón (que al final, el pobre ¿es o no es planeta?). O mejor dicho, tuvimos boda de una de las nuestras y la celebración era demasiado cerca para no sentir la llamada. Durante el día no hablamos demasiado del tema, no fuera que nuestras expectativas no se fueran a cumplir. Además, sinceramente, lo estábamos pasando demasiado bien para acordarnos de ello. 

Una vez bien entrada la noche, después de haber estado un buen rato hablando con una jerezana encantadora sobre política y casi haber terminado en lágrimas emocionadas por lo bonito que era eso de entendernos hablando (con unos gin tonics encima habrá que poner también a aquellos que parecen no saber hacerlo), entré a la discoteca y el padre de la novia me soltó las palabras mágicas: Tus amigas han ido al Belfast

Y allí que me fui, sin poder evitar la sonrisa mientras me adentraba por las calles de la parte vieja. Al llegar, justo me encontré con uno de esos a los que tienes que escuchar por educación, hasta que X asomó la cabeza por la puerta y me gritó un "Maddalen, ¡estamos aquí!" que en cuanto me acerqué se convirtió en un "¿De buena te he librado, eh?". Y así entré, con la sensación de que estar dando la vuelta de la victoria con tocado floral en la cabeza incluido. X contándome que I había llegado soltando un "¡Nauzi! ¡Ponnos todas! ¡Una detrás de otra!" y que al poco ya estaba sonando todo el repertorio de Estopa. Me acerqué a la barra mientras veía que Z también andaba por allí a pedir lo siguiente que intentaría beber cuando Nauzi me soltó un "¿y tú dónde andabas?" "En el Gu..." "Pero qué hacías en el Gu..." y cómo explicarle con el ruido que había que yo tampoco lo tenía muy claro qué hacía sin estar allí, que aquél era mi sitio.

Por un rato, no recuerdo exactamente cuánto fue porque no duró mucho, volvimos a ser las dueñas de nuestro bar. Y aunque no estábamos todas, sentíamos que lo estábamos disfrutando también por las que faltaban, para que estuvieran orgullosas de nosotras. 

Espero que el futuro nos tenga guardado alguna que otra noche como aquella. Tampoco le pido mucho, sólo alguna que otra que llegue de improvisto para grabarse en nuestras memorias. 

Guregatik, nexkak.


P.D.: El post estaba escrito desde hace unos días y justo cuando iba a ver la luz, se ha ido uno de esos grandes hombres que han pasado la vida detrás de la barra haciendo de sus bares templos de peregrinación y alegrando el día a día a todo aquel que entraba. Que sirva este post como homenaje a él y tantos otros. 

domingo, 17 de septiembre de 2017

Reflexiones sobre mi armario

El otro día hice el cambio de armario por la necesidad imperiosa de ver con qué arsenal de ropa con la que cuento para afrontar el frío antes de empezar a planear mis futuras compras. Algunas me llamaron exagerada, me dijeron que aún queda verano. No les quise llamar ilusos pero allá cada cual con sus creencias.

Y yo cada vez creo más en no comprar por comprar, sino en comprar por amor o por necesidad. En llenar el armario de aquellas prendas que me quiten la respiración cuando las vea y me hacen sentir un poco más Diosa cuando me las ponga. En primer lugar estudiar lo que tengo y sus posibilidades, para luego trazar una ruta de futuras adquisiciones.


Sin necesidad de atarme a un Capsule Wardrobe, tener sólo lo que realmente me muero por tener, porque los años me han enseñado que de aquello que me apasionó, no me suelo aburrir. Meter en cajas aquello que no va con la temperatura exterior para que al pasar los meses y vuelva su estación, me haga la misma ilusión del principio. Tener mis colores pero cambiarlos un poco cada temporada para no aburrirme.

Ser exigente y al ver algo que me gusta, pensar por inercia si ya tengo algo parecido y combinaciones varias que le hagan ganar a pulso su privilegiada percha. Perder el tiempo en tiendas online para llegado el momento, hacerme con la mejor opción. Cuidarme, mimarme y perfumarme, tener a mano mi rojo favorito de labios para poder verme siempre resplandeciente. 

En definitiva, tenerlo todo preparado para no saber qué es ese miedo atroz de no tengo nada que ponerme. 

domingo, 10 de septiembre de 2017

El otoño no se me escapa

Creía que había sido cosa mía. Creía que al no haberme cogido vacaciones (me iré cuando los demás ya os hayáis olvidado de ellas), tenía esta sensación de no haber tenido verano. Que aunque durante los meses pasados no me había pesado seguir trabajando, al llegar septiembre tenía una especie de gaupasa anual. Porque septiembre siempre es un chute de energía, un despertar, y a mí me llegaba sin haber desconectado del todo.

Pero parece que no, parece que en Donosti el verano ha sido aquel día del que ya no nos acordamos, un día en el que hizo sol, fuimos a la playa y nos quedamos hasta que vimos atardecer mientras bebíamos unas cervezas. No sé, no lo recuerdo bien. Al menos casi cada noche he podido dormir con la ventana abierta de par en par y eso no me lo quita nadie.

Miro por la ventana y veo rodar la primera hoja seca. Esto ya no tiene vuelta atrás. Hayamos tenido verano o no, toca mirar hacia adelante y encontrarle cierto gusto a esto de que los días sean cada vez más cortos y más oscuros.


Y para que los meses que vienen me cundan más que los tres anteriores, pienso hacer muchas cosas. Pienso perfeccionar mi nueva receta de bizcocho con jengibre y canela, pienso ponerme las pilas con eso del batch cooking y cocinar más y más variado. Pienso empezar Game of Thrones desde el principio, porque lo reconozco, me pasé la primera temporada entera sin saber muy bien quién era quién y por qué no decirlo, echo de menos a Khal Drogo. También tengo pendiente seguir con Six feet under y Parks and recreation, empezar con The Wire y descubrir alguna otra serie tipo Younger, que sin duda ha sido el descubrimiento del verano y me la he ventilado dos veces en menos de un mes. También he vuelto a por Grace & Frankie y no me daba cuenta cuánto las echaba de menos hasta que las he vuelto a tener delante. Pienso leer todo lo que no he leído en verano, porque sí, soy una de esas raras personas que lee mucho más en invierno. Me están esperando Hijos del ancho mundo de Abraham Verguese, Tan fuerte, tan cerca de Jonathan Safran Foer y Detrás del hielo de Marcos Ordoñez entre otros, aunque el 25 de septiembre se parará mi mundo porque publican lo nuevo de Nickolas Butler. Pienso tejer, o hacer punto de cruz, como hacía hace algunos años. También tengo una tela de terciopelo dorado por ahí para confeccionarme un clutch muy al estilo Acne. Me escaparé al campo más a menudo, que este año no se me escapen ni los colores ni los olores. Y cada dos o tres días, mascarilla y acondicionador porque este invierno voy a tener pelazo.

Por ahora ya he cambiado de perfume, porque pocas satisfacciones tan grandes como volver a esos aromas que te abrigan como una bufanda más.

Suena Song for Zula de Phosphorescent, la versión en directo en la iglesia St. Pancras, no sé qué tienen las teclas de ese piano que me mueven por dentro. Sus acordes son el pistoletazo de salida perfecto porque siempre he pensado que esa canción me recordaba a otoño y ahora, ya lo es. Qué sabrá el calendario.

Hazte un bizcocho, enciende una vela, ponte debajo de una manta, coge ese libro que tienes pendiente y disfruta. Que las hojas vayan cayendo ya si eso.


domingo, 30 de julio de 2017

Comprando en julio

Rebajas, esa palabra que tan deseada era hace unos años y que tan poco dice ahora. Puede que mi lista de adquisiciones que venga a continuación indique lo contrario, pero hace ya un tiempo que dejé de volverme loca esperando los días señalados. Atrás quedaron las épocas en los que me hacía con vestidos que tampoco me gustaban tanto en colores que tampoco me favorecían tanto o cuando llenaba el carro de trapos simplemente por el hecho de que tocaba comprar algo. Con lo que me agobia llenar el armario con cosas que no utilizo, creo que he llegado a ese punto en el que compro con cabeza. Toquemos madera para no volver al lado oscuro.

Principalmente, supongo que he aprendido a tener paciencia. En saber justo qué es lo que quiero, pensar en con qué me lo pondría, en si tengo algo parecido en el armario o algo que me sirviera en las mismas ocasiones. Doy tantas vueltas que puede que me termine volviendo loca pero al menos mi bolsillo y mi armario lo agradecerán. Mi modus operandi ha cambiado, quizá gracias a Pinterest, pero ahora compro para cubrir una necesidad, ya sea real o amorosa, pero en mi cabeza sé lo que quiero y lo busco con ahínco hasta encontrar algo que me convenza. 

Este año, estoy especialmente contenta. No voy a decir que hice una lista y que la he seguido a pies juntillas, digamos que identifiqué mis necesidades y que estoy aprendiendo dónde buscar mejor. 

Aquí están:

-Zapatillas blancas: Lo sé, están en todos los lados y justo por eso yo también me di cuenta que era el calzado veraniego que necesitaba porque iba bien con todo mi armario. Aquí donde me veis tan fina, mi pie tiene la anchura del de un hobbit, por lo que he aprendido a ir a Vans de cabeza. Me llegó un vale de Zalando diciendo que me echaban de menos blablabla y lo aproveché para hacerme con unas Vans básicas, blancas y con velcros. Estoy encantada.

-Chanclas: Mucho zueco sueco precioso pero al final termino pasando el verano en chanclas, me ha costado mucho reconocerlo pero así es, soy demasiado comodona. Y ese es el punto donde unas sandalias que antes te parecían feas como las Birkenstock, las terminé probando y son tan cómodas que me enamoré de su belleza interior. El año pasado ya me hice con unas Arizona que no me quité y este año he ido en caza y captura a por el modelo Madrid Eva en blanco. Perfectas para ir a la playa y que de igual que se llenen de arena.

Pero antes de las Birkenstock, el reinado era exclusivamente de las Havaianas y todavía al menos un par tengo que tener. He repetido el modelo gris-plata unas tres veces y como todavía las tengo (aunque tan viejas que me da vergüenza sacarlas a la calle), en Amazon encontré unas salmón-naranja a mitad de precio y me lancé.

-Zapatillas de deporte: Necesitaba renovar mis zapatillas de "hacer deporte" (supongo que no soy la única que es incapaz de ir al gimnasio con las mismas zapatillas que luego utiliza para "vestir"), ya no sé cuantos años tenían y otra vez mirando en Amazon, boom, unas Nike preciosas con un -60% a 40€.


-Jersey de invierno: Llevaba unos días buscando use jersey perfecto de invierno que yo llamo con "estilo nórdico", me había rastreado las rebajas y los outlets de mis tiendas online de cabecera, pero nada. Hasta que ayer, entramos en las rebajas de las Galeries Lafayette a salsear y ahí estaba, con un -70%+-20% por ser ayer. Casi lloro de la emoción. 

Pero quizá lo más gracioso fue cuando el domingo pasado bajé a hacer algunos recados y encontré una de esas tiendas que abren los domingos para los turistas. Entré y encontré (por fin) el cárdigan mostaza que llevo buscando ya no sé ni cuantos años. Cosas del destino.

-Parka de invierno: Porque haciendo honor a la verdad, fue la parka la que casi me hizo llorar de la emoción en Lafayette. Una preciosa para gordita, de un tono ocre que me hará salir del verde militar de siempre. Y sí, con el mismo descuento que el jersey, en un precio de risa. 


Compras pendientes que seguiré buscando con paciencia por si suena la flauta:

-Reloj: Porque tengo dos y ninguno de los dos me convence ahora mismo, al final voy sin nada, cosa que me da mucha pena porque siempre he sido muy de llevar reloj.

-Clutch dorado: Fui de las que sucumbió a aquel clutch tipo neceser que sacó Zara hace unos ¿ocho años?. Lo he utilizado, me ha encantado sacarlo de paseo aún cuando las masas dejaron de hacerlo, siempre que el día necesitara algo de brillantina. Pero ahora el pobre está ya perdiendo lentejuelas por el camino intentando imitar a Pulgarcito, por lo que va siendo hora de buscarle sustituto. Si no aparece nada, amenazo con comprar un retal de terciopelo dorado e intentar hacerme esa maravilla que sacó Acne Studios hace unos años.


Y así, ni vestidos, ni faldas, ni bolsos (ya tengo el más bonito de todos o sea que para qué), ni camisetas... aunque si encuentro alguna camiseta marinera de manga larga no respondo. 

Un abrazo,
Maddalen

domingo, 23 de julio de 2017

I like mondays in Dragonstone

Ayer estaba en la tienda trabajando y en el Descubrimiento semanal de Spotify sonó el tema I don't like Mondays cantada por Tori Amos. Y me acordé de cuando la cantaba Bob Geldof como artista invitado en un disco que escuché mucho en mi juventud. Creo que era un recopilatorio de Bon Jovi.

Tell me why, I don't like mondays... A veces en un segundo, un par de acordes son más que suficientes para viajar en el tiempo.

Por un momento me puse a pensar en lo identificada que me sentía entonces con la letra (lo poco en llegaba a entender) y la suerte de que tengo ahora que los lunes no me molesten. Sí, ya estoy otra vez con el asunto de cómo me gusta mi trabajo, bla-bla-bla... Pero es que estas siete semanas voy a tener un plus. Seguro que ya sabéis por donde voy.

Así es, el pasado 17 de julio a las 03:00 hora española se estrenó la nueva temporada de Game of Thrones en HBO, esa que ha encumbrado la costa gipuzkoana como la tierra prometida. Después de algo más de un año, por fin ha llegado el invierno y el desenlace de esta trama de poder con ciertos tintes de culebrón venezolano, se está acercando. ¿Qué nervios, eh? Seguro que no soy la única que se le pone la piel de gallina sólo que escuchar la música inicial. Fui de las que empezaron a ver aquel lío de nombres justo cuando empezó. Aquí escribí sobre ese árbol genealógico que me salvó la primera temporada. Porque ahora ya todos son como de la cuadrilla de toda la vida, pero al principio era como cuando te toca una familia política interminable.


En casa ahora somos tres las locas de la serie y estos meses de espera los hemos sufrido en compañía. Eso sí, luego cada una a ver el capítulo cuanto antes por su cuenta, que aquí no hay amistad digna de atrasar el visionado. La temporada pasada, cuando coincidíamos en el timing, era gracioso vernos a cada una meterse en su habitación, sincronizarnos e ir comentándolo por WhatsApp. Las tecnologías nos están llevando demasiado lejos.

El domingo pasado, nerviosa ya a esta hora de la tarde, de repente me acordé que tengo HBO, ergo podía verlo cuando quisiera una vez pasadas las 03:00 horas. Sí, me planteé despertarme a esa hora pero estoy en una edad en la que empiezo a tenerle miedo al insomnio por lo que deseché la idea no sea que luego no pudiera volver a dormirme de la emoción. Pero lo que sí decidí fue adelantar mi despertador para ver el capítulo antes de ir a trabajar. Y aunque no me levanté en mitad de la noche, sentí la misma emoción que cuando una vez de pequeña, en casa nos despertamos todos en plena madrugada para ir al monte a ver las Perseidas. 

Así que mañana, otra vez, adelantaré mi hora de despertarme y disfrutaré del segundo capítulo. Después, emocionada y muy arriba, me levantaré, desayunaré e iré a trabajar con unos andares dignos de la madre de dragones. Porque si antes me costaba dormirme una vez terminado el capítulo, ahora voy a tener todo el día por delante para regodearme en mi emoción.

Maddalen


P.D.: En Hunky Dory nos lo hemos pasado bomba asignando perfume a los protagonistas de serie.